Hace unos meses, tuve la oportunidad de participar a una formación con Marta, de Organics, que promueve la práctica del movimiento (simbiosis del yoga, pilates y baile) de una manera más orgánica.

En efecto, en nuestra vida cotidiana, en nuestras prácticas deportivas y personales, tendemos a no escuchar el movimiento natural y fluido que nuestro cuerpo necesita.

Durante esta formación descubrí cómo trabajar con muelles suspendidos del techo y sujetos con un cinturón de cuero, podía aportar tanto, aunque practique yoga desde hacer años, tenga muy buena (demasiado) flexibilidad, y herramientas para dar shiatsu y masajes sin lastimarme. 

Moverse sintiéndose sujetada y al mismo tiempo llevada hacia arriba cambia completamente la percepción del movimiento, de cómo evoluciona nuestro cuerpo en este nuevo espacio. También tomamos conciencia de que no solo somos huesos y músculos, sino también órganos y vísceras que intentan como pueden adaptarse y colocarse en cada uno de nuestros movimientos.

De estos 2 días, me quedo con varios puntos interesantes que pude sentir (o volver a sentir), que sigo asimilando cada día tanto en mi cuerpo y mi práctica personal como en los masajes, shiatsu que doy, en esta comunión única que se crea durante la sesión. 

Esta sensación que en todo momento nos eleva hacia el cielo, gracias a los muelles, de la semigravedad, me hace aún más consciente de nuestra relación a la Tierra, a nuestras raíces. 

Alineación y enraizamiento: entre el cielo y la tierra

Noto aún mejor este hilo, este estiramiento, esta alineación tan importante y buscada en la práctica de las artes marciales, el yoga o el Shiatsu. 

Confiar

La confianza en uno mismo, en el otro y en lo que nos rodea. Los muelles nos permiten sentirnos cómodos y en confianza gracias a este apoyo permanente, que nos permite ser más ligeros y no caer. Primero tomo mis marcas, me oriento y par confiar en este instrumento, donde están sus límites y los míos. Los muelles dan una sensación de libertad, de que todo es cada vez un poco más posible. 

Esta sensación física, muy agradable desde el principio, la asimilé y para reconocerla a un nivel más mental: abrir cada vez un poco más el campo de lo posible, ver las oportunidades, mis capacidades y no tener miedo a caer.

Crear espacio

Poner la conciencia en estos espacios que tenemos entre cada articulación, miembro, órganos, vísceras… nuestro cuerpo respira por dentro y necesita extenderse hacia el infinito y más allá. 

Creo más espacio para mis pulmones cuando respiro, incluso para mis riñones. Llevo la respiración a la parte posterior de mi espalda y permito que mis riñones se asienten tranquilamente. Cuando mi diafragma se eleva, al exhalar, devuelvo a mis intestinos su espacio.

Con cada brazo extendido, cada pierna estirada, crezco un poco más, el movimiento se alarga y desde dentro se nota.  

Durante mis sesiones de Shiatsu y de masaje, siento el placer y el bienestar de un cuerpo que respira, acompañando aún más los movimientos en esta creación de espacio. Un cuerpo que sufre es un cuerpo que no se estira (músculos contraídos, ciática, opresión en la respiración, estreñimiento…).

Dejar ir

Saber acomodarse y descansar en la postura, vivir de una manera más fluida y natural, desconectando de las complejidades mentales. 

Es saber escuchar a la gente con el corazón, con mano firme, y dejar que el movimiento se cree a sí mismo.

Las técnicas de masaje, la teoría del Shiatsu, son muy importantes, pero una vez asimiladas, es realmente nuestra capacidad de fluir lo que marcará la diferencia. 

Saber tranquilizarse y descansar cuando nuestro cuerpo y nuestra mente lo necesitan, en una posición cómoda y orgánica. 

Gracias Marta por este encuentro y por aportarme tanto. 

Estar bien y consciente de su cuerpo para poder acompañar los demás y ayudarle a un mejor bienestar y salud. 

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